Anima Christi
El autor es desconocido, pero la oración ya circulaba a principios del siglo XIV, y el papa Juan XXII le concedió una indulgencia. San Ignacio de Loyola la puso al comienzo de los Ejercicios Espirituales, y por eso a menudo se le atribuye a él. Cada línea nombra algo de Cristo, su cuerpo, su sangre, sus llagas, y le pide que haga una sola cosa por quien reza.
Anónima, principios del siglo XIV
Alma de Cristo, santifícame.
Cuerpo de Cristo, sálvame.
Sangre de Cristo, embriágame.
Agua del costado de Cristo, lávame.
Pasión de Cristo, confórtame.
Oh buen Jesús, óyeme.
Dentro de tus llagas, escóndeme.
No permitas que me aparte de ti.
Del enemigo maligno, defiéndeme.
En la hora de mi muerte, llámame.
Y mándame ir a ti,
para que con tus santos te alabe
por los siglos de los siglos.
Amén.