Bendita sea tu pureza
Bendita sea tu pureza
Un fraile franciscano español, Antonio Panes, escribió esta décima en el siglo XVII, y cruzó el océano con los misioneros. Alaba a María, le entrega alma, vida y corazón, y termina con la súplica de un niño que no quiere quedarse solo. En toda América Latina se reza después del rosario y junto a la cama, muchas veces como las últimas palabras del día.
Fray Antonio Panes, O.F.M., siglo XVII
Bendita sea tu pureza
y eternamente lo sea,
pues todo un Dios se recrea
en tan graciosa belleza.
A ti, celestial Princesa,
Virgen sagrada María,
yo te ofrezco en este día
alma, vida y corazón.
Mírame con compasión,
no me dejes, Madre mía.
Amén.