Benedictus
Benedictus Dominus Deus Israel
Zacarías se había quedado mudo por dudar del ángel; cuando nació su hijo y le pusieron el nombre de Juan, se le soltó la lengua y brotó este cántico. Bendice a Dios por cumplir la promesa hecha a Abrahán y le dice al niño que irá delante del Señor. La Iglesia lo reza al amanecer desde hace quince siglos por su última imagen: el sol que nace de lo alto visita a los que viven en tinieblas.
Lucas 1,68-79
Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo,
y nos ha suscitado un poderoso Salvador
en la casa de David, su siervo,
como lo había prometido desde antiguo
por boca de sus santos profetas:
salvarnos de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
usar de misericordia con nuestros padres
y acordarse de su santa alianza,
del juramento que hizo a nuestro padre Abrahán
de concedernos que, libres de la mano de nuestros enemigos,
le sirvamos sin temor,
en santidad y justicia delante de él,
todos los días de nuestra vida.
Y tú, niño, serás llamado profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor a preparar sus caminos,
para dar a su pueblo el conocimiento de la salvación
en el perdón de sus pecados,
por las entrañas de misericordia de nuestro Dios,
con que nos visitará el Sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que están en tinieblas y en sombra de muerte,
y dirigir nuestros pasos por el camino de la paz.
Amén.