Oración ante el crucifijo
Conocida en latín como «En ego» por sus primeras palabras, esta oración aparece en el siglo XV y desde hace siglos tiene indulgencia para quien la reza de rodillas ante un crucifijo después de comulgar. Pide las tres virtudes teologales, un dolor verdadero y un propósito firme de enmienda, y luego se detiene a mirar las cinco llagas. La cita final es del Salmo 22, el salmo que Jesús comenzó en la cruz.
Tradicional, siglo XV («En ego»)
Mírame, oh mi amado y buen Jesús,
postrado en tu presencia;
te ruego con el mayor fervor
que imprimas en mi corazón
vivos sentimientos de fe, esperanza y caridad,
verdadero dolor de mis pecados
y propósito firme de enmendarme;
mientras que yo, con todo el amor y compasión de mi alma,
voy considerando tus cinco llagas,
teniendo presente aquello que dijo de ti,
oh buen Jesús, el santo profeta David:
«Han taladrado mis manos y mis pies;
se pueden contar todos mis huesos».
Amén.