Secuencia de Pentecostés
Veni Sancte Spiritus
Este poema de alrededor del año 1200 es una de las cuatro secuencias que quedan en la Misa, y se canta una vez al año, en Pentecostés. Pide al Espíritu lo que necesita una persona agotada: descanso en el trabajo, frescura en el calor, algo que doblegue lo que se ha puesto rígido y caliente lo que se ha enfriado. Durante siglos se atribuyó al papa Inocencio III; hoy muchos estudiosos la dan a Esteban Langton, arzobispo de Canterbury.
Esteban Langton, hacia 1200
Ven, Espíritu Santo,
y envía desde el cielo
un rayo de tu luz.
Ven, padre de los pobres,
ven, dador de los dones,
ven, luz de los corazones.
Consolador buenísimo,
dulce huésped del alma,
dulce alivio.
Descanso en el trabajo,
frescura en el calor,
consuelo en el llanto.
Oh luz dichosísima,
llena lo más hondo
del corazón de tus fieles.
Sin tu ayuda
nada hay en el hombre,
nada que sea inocente.
Lava lo que está manchado,
riega lo que está seco,
sana lo que está herido.
Doblega lo que está rígido,
calienta lo que está frío,
endereza lo que está torcido.
Da a tus fieles,
que en ti confían,
tus siete dones sagrados.
Dales el mérito de la virtud,
dales un final de salvación,
dales la alegría que no acaba.
Amén.